viernes, 7 de noviembre de 2014

El megacinismo de las pensiones


Lunes 3 de noviembre de 2014

El cinismo, se entiende como “desvergüenza o descaro en el mentir o en la defensa y práctica de actitudes reprochables”. Esta definición es perfecta para describir la reciente decisión del Consejo de Estado, el cual pretende revivir las pensiones de los honorables congresistas de nuestro país, viéndose obligados a recibir una pensión que no puede pasar del tope de 15,4 millones de pesos, según la decisión de la Corte Constitucional (C-258), lo que implicó un ahorro de más de $72.000 millones de pesos, según el Ministerio de Hacienda, o en términos prácticos, el sueldo por un mes de 116.883 parroquianos que ganan el miserable salario mínimo legal mensual de $616.000, o por ejemplo, la construcción de 2.400 cuatrocientas viviendas gratis.

Si le recuperaran la pensión a un docente, a una madre cabeza de familia, a una persona con discapacidad, a un campesino (quienes no cotizan para pensiones) tendría uno un sentimiento de solidaridad y alabanza frente a las decisiones del Consejo de Estado. Pero lo que ven y leen mis ojos es una desfachatez; motivar que les sostengan la pensión a alguien que con tramoya llegó al Congreso (la institución más deslegitimada de nuestro país), eso es un desacierto, que no les paguen sería un premio a la razón, a la sensatez, a la cordura de un Estado que le repite al pueblo que elevar el salario mínimo es un despropósito que afectaría la economía, pero que por Decreto, nuestro Presidente le concede toda clase de gabelas a los congresistas.

Da pena y vergüenza con los más de dos millones de desempleados, con los profesores universitarios que con título de doctorado (más de 21 años de preparación) y muchos años de servicio, no ganan más de cinco millones de pesos. Da vergüenza con los funcionarios públicos en general, a los cuales se les exige presentar exámenes de admisión en los concursos por “meritocracia”, junto con el título de pregrado y especialización para que les paguen no más de tres millones de pesos, y eso, si pasan el concurso donde se presentan cien o doscientos aspirantes en el mejor de los casos.

¿Qué les decimos a los campesinos que nos piden inversión social, escuelas, colegios, vías públicas, alcantarillado, luz y agua? Derechos que precisamente los padres de la patria nunca han conseguido para sus regiones, porque están muy ocupados celebrando contratos y obras por interpuestas personas, que muy seguramente los rodean no por sus méritos si no por su escasa vocación del esfuerzo y de trabajo. Se siente vergüenza ajena, que luego del fallo, los letrados tengan que ceder a intereses mezquinos que violan las reglas de equidad y decencia en un país que le repite a la sociedad que tiene recursos escasos. Anhelaría que la Corte decidiera a propósito de los sueldos de los Congresistas y “Altos funcionarios públicos” que éstos no ganen más de diez SMLMV, pues se supone que lo que hacen es servir a la patria y no acabar con ella.

*Docente, Fac. Ciencias Jurídicas y Políticas Usco.

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